Muchas personas llegan cada día a las fronteras de Ceuta y Melilla. La mayoría de ellas han tenido que elegir entre un ataúd y una maleta. Y tras meses de odisea en la que han invertido todo lo que tenían, los más afortunados consiguen llegar a una frontera hostil y fortificada. Sus sueños se estrellan contra una barrera prácticamente infranqueable, pero su desesperación les empuja a escalar una valla de seis metros coronada por concertinas, un alambre de cuchillas que causa graves lesiones, incluso la muerte.
Tampoco encuentran mejor suerte quienes intentan pasar a nado, como pudimos ver el pasado 6 de febrero en Ceuta. Porque mientras los migrantes se saltan la valla, las autoridades se saltan la ley. Esa es la realidad en la frontera: cuchillas que cortan la piel de quienes ascienden por las alambradas, materiales antidisturbios empleados contra nadadores exhaustos, devoluciones ilegales (llamadas “en caliente”) que vulneran la Convención de Ginebra y la normativa europea y española de Extranjería y Asilo.
Y lo peor de todo, es que entre esas personas, hasta un 50% podrían ser potenciales refugiados, personas que huyen de guerras, violaciones de derechos humanos, persecuciones religiosas, por género u orientación sexual, por ideas políticas, etc… Estas personas tienen derecho a recibir protección, como en su día lo obtuvieron personas como Albert Einstein, el Dalai Lama, Rigoberta Menchú o Gabriel García Márquez.
En CEAR no pararemos hasta conseguir que se corte con toda esa brutalidad y que se respete la ley. Para conseguirlo,necesitamos tu ayuda. Firma y comparte esta petición ahora.

